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Es importante hablar de la otra parte, y la otra partees la cultura: Patricia Vega

Para Patricia Vega (Tijuana, Baja California, 1957) es un orgullo hacer periodismo cultural, “a pesar de que siempre han dicho que es el pato feo” del periodismo, comenta entre risas. “Me sorprende, porque siempre me encuentro con personas que preguntan: ‘¿Cuándo vas a escribir sobre temas importantes?’. Como si la política fuese lo importante y, digamos, para los tiempos que vivimos, a mí la política me parece horrorosa. Siento un privilegio poder escribir de temas culturales”.

 

Esta destacada periodista cultural que ha colaborado en radio y televisión como entrevistadora y guionista, así como en múltiples publicaciones de México y el extranjero, se presentará en una nueva sesión del ciclo Mujeres de letras de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, en la que charlará con su colega Magali Tercero, el martes 9 de agosto a las 19:00 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. La entrada será gratuita.


 

Aunque inició su carrera en la radio, el periodismo escrito llamó por completo su atención. En el diario La Jornadatrabajó casi tres décadas. Fue ahí donde se forjó como una de las periodistas más importantes del país y donde encontró algo invaluable: “En La Jornada pude explorar temas que me interesaban a profundidad y nunca, en 27 años, fui víctima de censura. Eso para mí es muy importante y un hecho a destacar”, expresa.

 

A Patricia Vega, el periodismo cultural le es trascendente no solo por los temas que se pueden tratar en él, sino por el contrapeso que significa en la sociedad. “Pienso que también es importante hablar de la otra parte, y la otra parte es la cultura”, explica, pues, a pesar de que reconoce el riesgo de cubrir otro tipo de fuentes de información, donde muchas veces se juegan la vida sus compañeros, siente como un privilegio poder comunicar “temas que alimentan al espíritu”.

 

El género de la entrevista es uno de los que más le apasiona, reconoce, y su Premio Nacional de Periodismo 2010 en este rubro lo constata: “Me gusta mucho hacer entrevistas, porque es como tocar una puerta, que te la abran y te digan qué hay detrás de ella. Siempre en mis entrevistas me preocupo por entender. Tengo una enorme curiosidad por saber cuál es el proceso creativo de mis interlocutores y qué los inspira. Estar en contacto con esto es una enorme fuente de inspiración”.

 

Entre algunas de sus más famosas entrevistas sobresale la realizada a Salman Rushdie junto con su compañera Raquel Peguero, mientras aún era perseguido debido a la fatwa impuesta por su libro Los versos satánicos por parte del gobierno iraní. Reconoce que cualquier periodista aprende mucho de las entrevistas, y ella, en este caso, lo hizo también como ser humano.

 

“Uno aprende a valorar lo que tiene, en este caso es la libertad. Esta cuestión de observar a Salman, que físicamente estaba blanco, bofo… En ese entonces todavía mantenía el encierro; estaba como en una situación que se manejaba clandestinamente.

 

“Todavía tenemos que considerar que la fatwa nunca perdió vigencia. Ahora el gobierno iraní ha dicho que no va a propiciar que la vida de Rushdie esté en riesgo, pero el hecho real es que la fatwa sigue en pie, porque quien la dictó murió sin quitarla, y de acuerdo a las leyes iraníes, el que la dicta la tiene que quitar”.

 

Con su texto El caso Rushdie: testimonios sobre la intolerancia obtuvo del Premio Nacional de Periodismo Cultural 1989, convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Sociedad General de Escritores de México. Con este y otros trabajos se hizo consciente de la importancia que hay en poder expresarse libremente, sobre todo en la profesión a la que ella se dedica.

 

“Es una cuestión que debemos de defender, porque ahora hay tantos periodistas amenazados, y eso no favorece a la sociedad”, asevera, y agrega que la figura de un periodista dentro de la comunidad es esencial. “El periodista debe ser un transmisor lo más puro posible de la realidad que vive, en sus puntos buenos, en sus puntos malos y en sus puntos por mejorar, y entre más transparente e imparcial sea, es mucho mejor”.

 

La imparcialidad y la transparencia son lo único que puede concretar el periodista, afirma. “No creo en la objetividad periodística”, dice, y advierte que es imposible añorarla porque todos estamos permeados por experiencias propias, nuestra educación y nuestros gustos particulares. “Eso trasminará a nuestro trabajo periodístico. Lo que podemos aspirar es a ser imparciales, fieles a nuestra manera de ver”.

 

Lo anterior es solamente uno de los muchos puntos para hacer un buen trabajo, ganar prestigio y, sobre todo, algo que ella asegura es lo mejor: “El mayor capital de un periodista es la credibilidad que ha logrado a lo largo de su trayectoria. Cuesta muchísimo trabajo crearla y se puede ir a la basura en un día”.

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