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GRUPO CAÑAVERAL DE HUMBERTO PABÓN FIESTA TOTAL BIG BAND GRABADO EN EL AUDITORIO NACIONAL

 

El género de la Cumbia nació en Colombia pero se ha extendido por todo el mundo como parte del patrimonio sonoro de la humanidad. Sus raíces se encuentran en elementos indígenas, africanos y, en menor medida, producto de un largo mestizaje, que genera la dinámica de un ritmo que invita a bailar como quedó demostrado el pasado 20 de julio, cuando el Grupo Cañaveral tomó el control del escenario y de una multitud que llenó el Coloso de Reforma.

 

Desde el principio sorprende la puesta en escena: un imponente juego de luces multicolores con tecnología de punta; máquinas de vapor colocadas en la parte frontal de proscenio y tres enormes pantallas de altísima definición flanqueando los lugares donde se ubican los músicos. 

 

Siempre innovador, el grupo fundado por Don Humberto Pabón y dirigido por su hijo Emir, ha ido un paso adelante, renovando y dando una bocanada de aire fresco a la Cumbia y, en un movimiento audaz, esta noche, la dotación original de Cañaveral se ve enriquecida por el aporte de una big band que, al transcurrir el concierto, fortalece la participación  del grupo creando un sonido más robusto, poderoso e inédito en el género. 

 

Don Humberto Pabón sube al escenario presentando cadenciosos pasos de baile, detrás de él aparece Emir Pabón dando un efusivo ‘’¡Buenas Noches, mi gente¡’’ arrancando un alarido generalizado en el público, como señal inequívoca del inicio del concierto. Emir al centro del escenario flanqueado por dos vocalistas y acompañados de seis excelentes e incansables bailarinas -que mudaran vestuario en repetidas ocasiones- empieza el festejo con ‘’No lo puedo negar’’ y una sucesión de clásicos de su repertorio: ‘’Echarme al olvido’’, ‘’Renacimiento’’, ‘’No te voy a perdonar’’, ‘’Traición/Olvido’’, ‘’Vuelvo a sentir’’ y ‘’Mala Mala’’.

 

Las pantallas proyectan coloridas formas geométricas abstractas, instrumentos musicales, círculos concéntricos y otra serie de imágenes que se mueven al compás de la música de esta gran Big Band y, una vez cada tanto columnas de humo se desprenden de cañones colocados a lo largo del escenario. El equipo técnico desplegado rivaliza cualquier presentación de un grupo de rock o pop.

 

Además, durante la interpretación de algunos temas, caen del techo hacia el público, serpentinas, confeti o papeles multicolores, para matizar el ambiente festivo de la noche que depara sorpresas para todos, con la colaboración de artistas de géneros varios que aportan diversos matices. El desfile de invitados especiales no puede iniciar mejor. Un riff de guitarra rockera es el preludio de la intervención del rapero Big Metra quien, con su vertiginosa vocalización, hace suyo un clásico: ‘’ El Pipiripau’’.

 

Con el añadido de bajo y guitarra eléctrica, teclado portátil y la voz de la carismática Tana Planter, el grupo pop Matute amplifica ‘’Vale la pena’’. Para cuando el grupo entra ‘‘Nunca fui tu dueño’’, el público baila en los pasillos de Auditorio Nacional. 

 

‘’Cumbia Cañaveral’’, una pieza instrumental energética, aumenta su sonoridad del ensamble de grupo y big band, siendo matizada por estupendos solos de guitarra y tumbadoras. Sigue el festejo con el sabor a swing de ‘’Quiero ser como tu’’, en el que, además de participaciones solistas de trompeta y trombón, las bailarinas hacen lo suyo disfrazadas de felinos y otras especies que dan vida a la clásica película de Disney, ‘’El Libro De La Selva’’.

 

Don Humberto Pabón, fundador de Cañaveral, colocado sobre un pequeño estrado, toca los costados de un tom tom, otras veces el cencerro, canta ‘’Matrimonio Feliz’’ y emite intermitentemente los legendarios gritos agudos (¡hupipipipipipipipi, huipi¡)

Las colaboraciones estelares continúan con Los Claxons y ‘’Flores en febrero’’, al que le imprimen un aire pop-rock y, a ratos, la sincopa del reggae, lo que evidencia la versatilidad instrumental de Cañaveral.

 

Es el turno de ‘’Tiene espinas el rosal’’, en donde la espigada cantante londinense Jenny Ball, And The Mexicats, asombra no sólo por su figura, sino por su efectiva ejecución de un solo de trompeta. Sus compañeros de banda aportan el sonido de instrumentos adicionales como el cajón flamenco, contrabajo y guitarra acústica.

El puertorriqueño –especialista en reggaetón –Valentino canta ‘’La Noche’’ acompañado de Emir y desde el escenario dirige al público que, para este momento, baila al don que cañaveral le toque.

 

El entusiasmo y genuina alegría de los músicos de Cañaveral se trasmiten a la audiencia. Es un ejemplo claro del milagro que se da cuando los artistas se funden en un anhelo común con su público. Lo que sigue no permite sentarse a los asistentes al evento: La Sonora Dinamita sube al escenario para colaborar en un popurrí integrado por ‘’Ansioso por verte’’ y ‘’Cumbia soberana’’, dos clásicos de la discografía de Cañaveral.

Toca el turno al cantante colombiano Andrés Cabas quien toma las riendas de ‘’Enamorándonos’’ para añadirle un acento pop con merengue engrandecido por el empuje instrumental de los más de 25 músicos que funcionan en perfecta sincronía desde el inicio de esta gozosa presentación.

 

El final está cerca, los integrantes de Cañaveral y los músicos de la big band se unen a los artistas invitados y a un grupo de bailarines en zancos y a pie para rendir merecido tributo a la cumbia. Los trajes de campesinos del país del Sur, las faldas amplias, el sombrero ‘’vueltiao’’, los colores emblemáticos: amarillo, azul y rojo campean por el escenario ya que este día es el aniversario de Colombia. Es por ello que todos entonan, entre otras canciones, ‘’La pollera colorá’’, mientras el público del Auditorio Nacional baila y salta, agradeciendo la entrega que ha visto sobre el escenario. Es tal la algarabía, que algunos de los artistas invitados forman una pirámide humana para despedirse del público.

 

De este modo frenético, celebrando 22 años de trayectoria al lado de esta gran Big Band –con su alto nivel instrumental y puesta en escena- el grupo pone en evidencia que, en este momento y en este género, donde está Cañaveral, no hay nadie.